Fotografía

Hasta hace muy poco, mi interés con la fotografía estaba relacionado con los viajes que tomaba. Mi primer gran impulso fue el viaje por República Dominicana en 1990. Los lugares que vi al recorrerme buena parte del país eran tan impresionantes que las fotos apenas lo reflejan. Para el segundo periplo por la isla al año siguiente, iba un poco mejor preparado, aunque no mucho. Mi equipo no era nada del otro mundo.

Durante un viaje a Las Vegas y sus alrededores (que extendí enormemente por mi cuenta) en enero de 2002, empecé a cogerle un gustillo al tema, y le dediqué una parte de mi presupuesto a las cámaras.

En el verano de 2002, durante un largo viaje por el noroeste de Estados Unidos, llevé mi cámara de carrete normal y una digital, una FinePix 2600 de Fuji. Desde ese entonces, siempre llevé una cámara digital a mis viajes. A la FinePix le siguió la fascinante Canon PowerShot S40, después una Nikon Coolpix 5700 y mi actual equipo, una Canon Digital Rebel XT 350. Recomiendo sin reservas las tres últimas, aunque creo que las dos primeras ya están descontinuadas.

Para fotos más casuales tengo una Canon Powershot A460.

Algunas personas me han dicho que tengo buen ojo para las fotos, pero creo que la fotografía digital esconde un secreto en el número de fotos que puedes tomar. Mientras con el antiguo carrete de 35 milímetros había que economizar el número de fotos, con la cámara digital el límite es mucho mayor, y con dicho límite las posibilidades de hacer una gran foto entre decenas aumentan considerablemente.

Hay un gran debate sobre la calidad de las fotos digitales y las de carrete, me inclino hacia el primero por muchos motivos, entre ellos la economía, posibilidad de hacer experimentos «con gaseosa» y la disponibilidad fácil e inmediata del producto.

Quizá el mejor ejemplo que puedo ofrecer sobre por qué prefiero las fotos es este: en julio de 2007, nos fuimos de merienda a Central Park. Con mi ordenador portátil y una cámara digital, pude publicar las fotos que tomé