Donde el otoño es una orgía de colores
Publicado el domingo,EMILIO GUERRA
El Nuevo Herald
La llegada del otoño no está muy marcada en el sur de la Florida. Aparte de comenzar o terminar la temporada de algunas frutas, en cuestiones naturales pasa totalmente desapercibida. Sin embargo, en la parte occidental de Carolina del Norte, la estación se
Campo de golf en el oeste de Carolina del Norte. |
El auge turístico se concentra en las dos últimas semanas de octubre, cuando una pléyade de turistas armados con cámaras cae sobre todo los recovecos de la zona para contemplar los destellantes cambios de color. Sin embargo, muchos de los locales se preguntan la razón de estas fechas, pues el fulgor del cambio se suele producir en la primera semana de noviembre en la mayoría de los valles apalaches.
Independientemente de la fecha que elija (aunque debe reservar hospedaje lo más adelantado posible), el centro de sus excursiones serias por esta zona no debe gravitar muy lejos de la encantadora ciudad de Asheville. Enclavada en los pies de las montañas, esta ciudad de 61,000 habitantes es el trampolín perfecto para descubrir el misticismo del lugar, sobre todo durante la época del cambio de color del follaje.
Justo al sur de los límites municipales de Asheville se encuentra Biltmore Estate, la enorme mansión de 255 habitaciones construida por los Vanderbilt. Su fastuosidad ha sido retratada en películas como Being There y Ritchie Rich y, actualmente, es un museo con centro comercial, jardines (40 acres), y bodega de vinos propios. Aunque venga a ver hojas, eche una ojeadita a este precioso palacete que respira opulencia por los cuatro costados.
Arroyo cercano a la reserva india de Cherokee.
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Casi al pie de Biltmore se puede encontrar la carretera Blue Ridge Parkway. Construida entrelos años 30 y 40, esta pista fue diseñada para presenciar la naturaleza sin apenas divisar la naturaleza humana desde el pie del Parque Nacional de Smoky Mountains, en Carolina del Norte, hasta otro parque nacional, el de Shenandoah, en Virginia.
El Blue Ridge Parkway (BRP) y sus bellezas abarcarían tomos enteros, por lo cual es muy recomendable su visita en automóvil. Desde Asheville se puede tomar en ambos sentidos. Hacia el este, numerosos miradores adornan la carretera, desde los cuales se observa el cambio de color, en plena boga en las alturas y todavía sin ocurrir en los puntos bajos.
El mirador por excelencia es Craggy Gardens, a casi 25 millas al este de Asheville. Desde aquí se pueden presenciar ambas vertientes de los Apalaches. Cerca de Craggy Gardens está la entrada a Mount Mitchell, la montaña más alta al este del Misisipi. Accesible por carretera y después de un corto camino, la cima tiene una estructura de hormigón con nieves casi perennes yfuertes vientos. Vaya antes de mediados de noviembre, que es cuando la nieve cierra este trayecto del BRP.
Un sitio muy especial Siguiendo hacia el este, se puede descubrir una de las muchas maravillas naturales de esta zona, la garganta del Río Linville, en tamaño la segunda más grande de Estados Unidos después del Gran Cañón y un sitio especial, a no dudar. Durante 14 millas, el río desciende 2,000 pies en una cerrada garganta. Si quiere evitar el largo trayecto a pie, puede caminar un cuarto de milla para ver el salto de Linville.
A tres millas del lugar están las Cuevas de Linville,
unas grutas con ríos subterráneos propios, en los que
se bañan las truchas. Refugio de indios, esclavos y soldados,
Linville Caverns mantiene la misma temperatura ambiente durante todo
el año, y como golpe de gracia, el guía suele apagar las
luces para que el visitante aprecie la oscuridad total.
Biltmore Estate, la masión construida por los Vanderbilt
al sur de Asheville.
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Desde Linville Cavern se puede descender por la carretera 221 en el valle del Catawba, llegando hasta la ciudad de Marion. En esta bajada también se podrá apreciar el cambio constante de colorido de las hojas.
En Marion, nos montamos en la autopista I-40 en dirección oeste, hacia Asheville. El pueblecito de Black Mountain, a cinco millas de Asheville, es una parada obligatoria para los que busquen pequeñas tiendas de antigüedades y calles acogedoras.
Al llegar al cruce de Asheville, tomamos la carretera 74a en dirección sur, hacia el valle montañoso más bajo y a la vez más entretenido de los Apalaches del sur. La curvosa carretera lleva por los pueblos de Gerton hasta la población de Bat Cave, bautizada así por una cercana cueva llena de murciélagos que sólo se abre en verano. Al sur de Bat Cave y ya en la orilla del Río Broad está el monumento de Chimney Rock, una piedra cilíndrica que sirve de mirador hacia el centro de Carolina del Norte.
Conociendo el encanto turístico de la zona, en la base del mirador hay un ascensor cavado dentro de la tierra que lleva hasta el balcón. Una espectacular vista aguarda al visitante. Hacia el norte, las interminables laderas de la Cordillera Apalache, con su paleta de hojas otoñales. A la derecha, los llanos de Carolina del Norte.
Al lado del mirador existe un sendero, que tras trepar varias escaleras, lleva por la ladera de la montaña hacia la base del Salto de Hickory Nut, casi el doble de las Cataratas del Niágara: 404 pies de caída. El impresionante camino inferior, que pasa por delante del salto, es largo y un poco exigente. Pero si se deja llevar por la belleza que le rodea (la película El último mohicano, con Daniel L. Lewis, fue filmada aquí en 1991) el paseo puede ser totalmente encantador.
Volviendo a Bat Rock, tomamos la carretera 64 en dirección oeste, hacia otro encantador pueblecito, Hendersonville. La avenida principal de esta población está cubierta de curiosas tiendas, incluyendo un almacén general.
Un paisaje surrealista
Siguiendo por la 64, justo antes de Brevard, está el cruce con la carretera 276, que entra en el Bosque Nacional de Pisgah y lleva, a unas cinco millas de la intersección, al Salto de Looking Glass, que tiene unos 60 pies de altura. Si tiene afición y está en buena forma, puede ascender Looking Glass Rock, un monte sagrado de los cheroquis que ofrece en su cima de cuarzo una envidiable vista de las montañas.
De vuelta a Brevard, se sigue por la 64 hasta el cruce con la carretera estatal 281, donde al doblar a la izquierda en dirección sur nos topamos con el salto de Whitewater, el más alto al este del Misisipi. El salto (que en realidad son dos saltos seguidos) se puede observar desde un mirador a unos 500 pies del estacionamiento. Si quiere caminar hasta el agua, le puede llevar una hora, aproximadamente, y hágalo con cautela, pues no es nada fácil.
Si está mentando ya la madre a la naturaleza, puede ascender a Highlands, el municipio más alto al este del Misisipi. Sus numerosas y pintorescas tiendas son de altura en todos los sentidos, tanto en pies (5,100) como en precios. Muy cerca de Highlands se encuentra la llamada Corte del Diablo, llamada así por sus espectaculares precipicios. En la base de uno de ellos existen inscripciones hechas (pero incomprensibles) por la expedición de Hernando de Soto, en 1521.
La carretera 64 continúa en dirección oeste, negociando peligrosamente por las faldas de varias carreteras. Aunque hay que proceder despacito y con buena letra, merece la pena, pues se encuentran numerosos y espectaculares saltos de agua, como Bridal Veil, Dry y Cullasaja. En Franklin, por la 441 en dirección norte (si la toma en dirección sur llegará algún día a Miami), una tranquila autopista le conduce hasta la reserva india de Cherokee, al pie del Parque Nacional Smoky Mountains.
Aunque en este escrito no se van a detallar las maravillas de este remanso, sólo se puede hacer una recomendación: ascienda antes del amanecer hasta el collado de la carretera 441, Clingman's Dome, y contemple el alba y consecuente subida del sol. Varias capas de neblina y humo cubren las diferentes lomas, creando un paisaje surreal y difícil de superar. Aquí las hojas, las montañas, la luz y la niebla crean una sinfonía difícil de superar, y un excelente punto y final a su viaje por Carolina del Norte.
Biltmore Estate, la masión construida por los Vanderbilt
al sur de Asheville.