Estados Unidos, el país del miedo

Por Emilio Guerra, Univision Online

Las cifras de crimen más recientes, del primer semestre de 2003, señalan el descenso de la criminalidad en Estados Unidos. En la última década, la tasa delictiva del país disminuyó en más de un 30 por ciento, y el crimen violento en un 35 por ciento.

Más policías y cooperación comunitaria

Sin embargo, los estadounidenses se gastaron más de 45 mil millones de dólares en instalaciones de alarmas y sistemas de seguridad, mientras que más de 8 millones de personas viven en urbanizaciones cerradas.

"Creo que el programa de community policing [acción policial comunitaria] ha tenido todo que ver con el descenso de crimen", dijo Danniel Malloy, alcalde de Stamford, Connecticut, cuya ciudad ha disminuido el crimen en 64 por ciento desde 1995.

El programa federal de community policing, establecido a principios de la administración del presidente Bill Clinton, ha destinado casi 8 mil millones de dólares a la contratación de 110 mil agentes policiales, mejora de equipos tecnológicos y mayor cooperación con líderes comunitarios.

"Desde que las agencias policiales comenzaron a asociarse con ciudadanos mediante community policing, se ha visto un marcado descenso de las tasas de crimen", dijo John Ashcroft, secretario de Justicia de Estados Unidos.

Sin embargo, en esa misma época, el número de residencias con sistema de alarma aumentó un 20 por ciento, y casi 32 millones de personas tienen un sistema de seguridad en casa, según datos de la Asociación Nacional de Alarmas de Robo e Incendio.

Mientras, casi 9 millones de estadounidenses vivían en urbanizaciones vigiladas en 1997, un aumento de más del 800 por ciento en 50 años.

La razón de esto está clara para Barry Glassner, profesor de Sociología de la Universidad del Sur de California y autor del libro The Culture of Fear (La cultura del miedo, por qué los norteamericanos tienen miedo a las cosas equivocadas): meter miedo es más fácil que resolver los problemas básicos de la sociedad.

La cultura del miedo

Hay teorías bastante radicales de por qué a la gente se le quiere atemorizar. Por ejemplo, el conocido catedrático de lingüística Noam Chomsky, acusa a las grandes corporaciones de querer aislar al individuo para que se vea como un observador pasivo y sin ningún recurso para defenderse.

"Todo lo que tenga el efecto de aislar a la gente, separarlos de otros y concentrados en la televisión, convertirá a las personas en observadores pasivos", dijo Chomsky.

Sin embargo, Glassner no comparte esa opinión.

"Siempre es peligroso asumir que hay una conspiración en juego. Pero sí hay grandes incentivos y grandes recompensas para los que puedan aprovecharse del miedo de la gente. Los políticos meten miedo hablando del crimen, los medios de comunicación también y los vendedores de casas a la hora de vender viviendas en urbanizaciones vigiladas. Esos beneficios causan que haya un miedo tan exagerado", expresó.

El profesor de sociología añade que estos miedos a veces se dirigen de manera indirecta a las minorías, incluyendo los hispanos.

Quizá un buen ejemplo fueron las elecciones a la alcaldía de Los Angeles en 2001. Durante la campaña, el actual edil Jim Hahn acusó a su contrincante, Antonio Villaraigosa, de "simpatizar con el criminal más que con su víctima".

Kam Kuwata, ayudante de campaña de Hahn, añadió que Villaraigosa viene de una descendencia diferente y los candidatos tienen un punto de vista diferente sobre cómo se debe ejecutar la prevención del crimen".

Pese a las denuncias por parte de medios comunitarios a las palabras del candidato, Hahn derrotó a Villaraigosa por 54 a 46 por ciento.

"Sencillamente es más fácil asustar a la gente, es más fácil promocionar temores que resolver problemas importantes a los que el político no tiene soluciones, como los seguros médicos", opinó Glassner.

Al igual que en el caso de Villaraigosa, también hay un componente racista a la hora de meter miedo.

Componentes racistas

"Cuando los medios de comunicación avisan que hay un malhechor suelto, la interpretación es que es un hombre de otra raza", explicó Glassner. "Además de ser injusto, ofende a la vasta mayoría de las etnias minoritarias que no cometen crimen alguno".

Todo esto, según Glassner, crea un círculo vicioso.

"El miedo al crimen es utlizado por los políticos y otros grupos para quitar fondos para la sanidad y educación y dedicarlos a la administración de justicia. Cuanto menos oportunidad tiene una persona para realizar una carrera que cumpla con la ley, los estudios señalan que ser criminal se vuelve más atractivo", comentó.

Además de ansiedad, alarmas y urbanizaciones vigiladas, la cultura del miedo tiene efectos más prácticos.

"Fijémonos en los famosos rumores de las manzanas con cuchillas que daban a los niños en Halloween. Fuera de familiares que quisieron matar a sus propios hijos para cobrar seguros de vida, no se ha dado ni un solo caso de caramelo o fruta envenenada que haya sido consumida por un niño en Halloween", aseguró.

"Este tipo de miedo causa que metamos a los niños en casa y no salgan a jugar por temor a que les pase algo. La gente aisla a sus propios hijos por miedos exagerados", aseveró Glassner.

Otra manera de promocionar el miedo, según Glassner, es traer la luz pública a casos específicos. Como el ejemplo de Dru Sjodin, la estudiante de Dakota del Norte que fue secuestrada recientemente.

"Los medios de comunicación se obsesionan en casos de secuestros por desconocidos, y esos incidentes son bastante menos comunes que el secuestro y abuso de personas que conocen al secuestrador. Este tipo de atención da a entender que es muy común, y no lo es", comentó Glassner.

Según cifras del FBI, el 73 por ciento de los secuestros infantiles se llevan a cabo por familiares o amistades de la víctima.

"En general, los estadounidenses viven en la sociedad más segura de la historia", sentenció Glassner. "Hay lugares peligrosos, pero son pocos. Y aunque el crimen haya descendido, el miedo y la cobertura del crimen no han disminuido".