La terrible niñez de un dictador
Por Emilio Guerra, Univision Online
Después de la captura el 13 de diciembre del ex dictador iraquí Saddam Hussein, los servicios de inteligencia de Estados Unidos se apresuraron a decir que no lo torturarían. De haberlo hecho, se hubieran dado cuenta que el sanguinario revolucionario estaba bastante acostumbrado al maltrato.
Aborto frustrado con una puerta
Mariam Nabila Zahid-Hussein, se quedó embaraza de su hijo Saddam en 1936. Pocas semanas antes del parto, se murieron su esposo y su único hijo. Deprimida, la mujer, que vivía en la aldea de Ouja, en las afueras de Tikrit, decidió suicidarse echándose ante un autobús.
Al fracasar, intentó entonces abortar su hijo de una manera macabra: queriendo aplastar su vientre con una puerta. La histérica mujer fue convencida por sus vecinos de que no matara a su hijo (irónicamente, por una familia judía que después emigró a Israel; ellos le contaron este suceso al historiador israelí Amatzia Baram).
La despechada mujer tuvo a su hijo Saddam el 28 de abril de 1937, e inmediatamente se lo entregó a unos familiares. Cuando el futuro dictador tenía tres años, su madre se casó y se fue a vivir de nuevo con ella.
Sin embargo, su padrastro al parecer le odiaba, propinándole palizas constantes. Frustrado y abusado, a los 10 años Hussein se escapó de casa de su padrastro y se fue a vivir con un tío.
Estas heridas físicas y sicológicas marcaron para siempre, según varios analistas, la violenta personalidad de quien controlaría Irak por más de tres décadas.
El doctor de sicología Jarrold Post tiene una consulta en Bethesda, Maryland, es director del programa de Sicología Política de la Universidad George Washington, y fundador del Centro de Análisis de la Personalidad y el Comportamiento Político de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Post consultó con Baram, que es catedrático a su vez en la Universidad de Haifa, Israel, y autor de la primera biografía exhaustiva de Hussein. Ambos colaboraron en un largo ensayo que analiza la mente del ex dictador capturado.
La conclusión de ambos es que debido a su accidentadísima infancia, la personalidad de Hussein quedó marcada, y para mal.
"Estas experiencias de la niñez pueden ser vistas como profundamente hirientes a la naciente autoestima de Saddam", escribieron.
Fue precisamente esa violencia la que le llevó a concluir al niño iraquí que solamente sobreviviría mediante la fuerza bruta.
Post opina que el derrocado mandatario iraquí sufre de narcisismo maligno, aunque tiene una firme visión de la realidad.
"Decir que está loco es demasiado simple", afirma Post, añadiendo inmediatamente después que su dictamen es sencillamente una opinión sicológica informada, y no una diagnosis médica.
"Eso sí, si Saddam Hussein viniera a mi consulta, echaría a correr", añadió.
Aunque las opiniones de Post y de Baram fueron criticadas cuando salieron a la luz el año pasado (Baram hizo una espectacular predicción fallida de que Hussein utilizaría las famosas armas de destrucción masiva), otros profesionales de la conducta humana han llegado a una conclusión parecida.
Anne Baring y Andew Powell, doctores en siquiatría que pertenecen al Colegio Real de Siquiatría del Reino Unido, opinan que la abusiva infancia de Hussein revela una ventana hacia su retorcida personalidad.
"Todos los tiranos y dictadores sufren una herida muy grande de su psique. Lo sabemos por crónicas de la infancia de Hitler y Stalin", afirman ambos doctores en un ensayo titulado Comprendiendo a Saddam.
"Para superar la experiencia de impotecia total, se desarrolla la necesidad compensatoria de mandar de forma absoluta sobre los demás y la compulsión de infligir a otros el dolor que uno sufrió en carne propia", afirmaron.
"Los hombres como Saddam, con graves perturbaciones en su desarrollo emocional suelen convertirse en criminales y asesinos. En este país [Reino Unido], acabarían cumpliendo cadenas perpetuas o reclusión indefinida en hospitales siquiátricos", añadieron.
Los siquiátras agregaron que "en el centro de la personalidad paranoica y grandiosa del dictador se puede encontrar todavía la angustiosa impotencia de un niño aterrorizado".