Entrevista a Olivier Martínez

EMILIO GUERRA
El Nuevo Herald


La promotora lo avisa antes de la entrevista. Al galán de cine francés Olivier Martínez, no se le pueden hacer preguntas sobre su vida personal.

Al pedirle explicaciones, este nieto de andaluces es tajante: «Yo puedo hacer un trabajo muy bueno sin hablar de quién es la mujer que está en mi cama. Además, si mi fiancée es conocida, es un jaleo total».

La estrella explica sobre el supuesto lance que tuvo con Juliette Binoche mientras y después de la filmación de El húsar en el tejado (L'Hussard sur le toit) en 1995. Un tabloide francés hasta anunció que la actriz estaba embarazada.

«Mi madre un día me llamó llorando y me dijo: '¿Por qué no me has contado que ibas a tener un hijo?'. Yo le contesté: 'caramba, mamá, es la prensa. Tú serás la primera en saberlo.' No me importa lo que digan de mí, pero tengo que proteger a mi familia» , explica.

Martínez, parisino de 32 años, está promocionando la película La Camarera, del director español José Juan Bigas Luna. El filme, que se presentó a principios de año en el Festival Internacional de Cine de Miami con el título de La camarera del Titanic, es una fantasía sobre un obrero, Horty, que triunfa como actor debido a cómo cuenta un romance inventado con Aitana Sánchez Gijón.

«La película es sobre el poderío del arte dentro de una sociedad, pero no creo en que un obrero tenga tiempo para convertirse en actor. Todos en mi familia se tienen que levantar muy temprano para trabajar y ganar dinero» , afirma Martínez, aunque reconoce que su historia es muy parecida.

«Yo vendía ropa, era camarero. Un día, a los 23 años, mis amigos me dijeron que por qué no les acompañaba al Conservatorio Internacional de París para estudiar actuación. Yo no tenía trabajo ni nada y decidí ir. Soy actor de casualidad» , confiesa.

Estuvo en varios papeles secundarios hasta conseguir el protagónico en El húsar en el tejado, en 1995.

«Al principio, me daban papeles por mi físico, pero creo que ahora soy actor de verdad. Un actor es más que su físico, es su carisma y el estilo de interpretar. Creo que he tenido suerte, de todas formas» , dice.

Se ve que está tan bien establecido como actor que Bigas le pidió que actuara en Bámbola y La teta y la luna, aunque el actor no pudo. A la tercera, con La camarera, fue la vencida. La única condición que Martínez puso a Lunas, que en esa época tenía fama por la desnudez de sus películas, fue que no le pidiera que se quitara la ropa.

«Para mí es más interesante usar la imaginación que desnudarme, pero Bigas necesita una escena erótica en una película».

Martínez se refiere a una fantasía que tiene con Aitana Sánchez-Gijón en La camarera. La actriz española le chupa el dedo a él, en una escena muy tórrida aunque sin mayor transcendencia.

«No me gustó mucho filmarlo porque soy muy tímido. El personaje de Horty para pensar en algo muy fuerte ha recreado una escena que es caricaturatesca pero al mismo tiempo muy erótica» , explica.

La experiencia con el director y la actriz le fue tan bien a Martínez que se interesó en España. Actualmente reside en Madrid, donde estudió por tres meses en la Escuela de Tauromaquia de la primera ciudad española para la película La capital del mundo.

«Lo que más me gusta de los españoles es la chulería, sin duda. Pero yo tengo muchas cosas de español que estoy descubriendo ahora. Soy muy mediterráneo» , comenta.

Ha sido en España donde Martínez empezó a hablar español, y aunque no lo domina del todo se defiende excelentemente.

¿Sueña con Hollywood algún día?

«No, porque para hacer carrera necesitaría vivir en Los Angeles, que es una ciudad que no me gusta, con una gente que no me gusta, con una mentalidad que no me gusta» , opina, dejando ver que la cultura norteamericana no es exactamente de su agrado.

Quizás por eso le pica un poco que durante sus promociones en Estados Unidos le llamen el Brad Pitt francés.

«A mí no me importa que me digan eso, pero por ejemplo me interesa más un Alain Delon que un Brad Pitt o un Tom Cruise. Tom Cruise es un buen actor, quizás, pero es muy frío. A mí me gustan más los actores humanos, como Sean Penn» , cuenta.

La Camarera: una fábula romántica muy bien hilada
RENE JORDAN
Crítico de cine de El Nuevo Herald

En 1912, Horty (Olivier Martínez), obrero de una fundición en Francia, se gana el premio de ir a Southampton a ver zarpar el Titanic. La noche antes del evento, le da refugio en su cuarto de hotel a una mujer misteriosa (Aitana Sánchez-Gijón), que se dice camarera a punto de embarcar en el buque maldito.

Horty ni le pone un dedo encima a su visitante nocturna y ella se le escurre de madrugada, llevándole la billetera. De regreso a la fundición, le van con el chisme de que su jefe le dio el premio para quedar libre de acostarse con Zoe (Romane Bohringer), la esposa de Horty.

De su frustración con la camarera ladrona, de sus celos de sospechoso cornudo, Horty echa a andar la imaginación alcoholizada en una taberna y cuenta su inventada noche de amor con la bella que seguramente murió en el naufragio. Tanto fascina su historieta al público que Horty se convierte en famoso declamador teatral.

La camarera está tan lejos del estilo de Bigas Luna que parece filmada y firmada por su alter ego romántico, hasta ahora desconocido. El hombre duro de Jamón, jamón, Bámbola y Huevos de oro no se concibe como hilador de esta fábula, con delicadeza de encaje, entredós y tira bordada.

Olivier Martínez le brinda sólo su perfil estatuario a un rol en que Montgomery Clift hubiera estado glorioso, pero compensa Romane Bohringer en un papel aún más interesante: la esposa que insiste en colarse a la fuerza en los sueños de su marido. Y si hay una mujer en el cine actual que justifica cualquier obsesión o desvarío... esa es Aitana, la soberana.

Si Titanic es el espectáculo de la temporada, esta camarera es su reverso minimalista: un filme sobre el poder avasallador de la mentira que acaba devorándose a la realidad.

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Esta reseña fue publicada durante el Festival Internacional de Cine de Miami, en enero, cuando la película se llamaba La camarera del Titanic. La distribuidora en Estados Unidos decidió cambiar el nombre de la cinta para evitar cualquier confusión con el filme Titanic.