Salimos, sin la ayuda del despertador, a las ocho en punto. Me acuerdo que cuando compré mi coche hace seis años, el vendedor bromeó con el maletero, donde no cabe un alfiler. Me pareció gracioso en aquel entonces, aunque ahora no tanto: tenemos muchos bártulos y el coche está a rebosar.
No hace mucho calor para finales de abril y vamos tranquilamente. A las 12:30 hemos llegado a San Agustín, la primera ciudad española en Estados Unidos y depositaria de mucha historia. Mi problema fundamental con esta plaza no es su legitimidad (antecedentes tiene) ni monumentalidad. Sencillamente su barrio histórico, el que estuvo colonizado por los españoles durante dos siglos y medios estuvo abandonado durante décadas, en semirruina.
Cuando por fin se acercó el cuarto centenario de su fundación, las autoridades municipales decidieron reconstruirlo. De sabor español no queda casi nada genuino.
En contraste, Savannah, la cercana y rivalísima ciudad fundada por los ingleses en 1733. Más grande que San Agustín, sus 16 plazas son casi todas joyitas coloniales, con mansiones y edificios señoriales. Aunque Savannah ha tenido décadas de decrepitud, rebosa de legitimidad.
El fin de cada colonia acabó marcando cada ciudad. Mientras que el objetivo de San Agustín era estratégico y muy poco más (no tiene yacimientos minerales cerca), el de Savannah era más bien múltiple: aparte de estratégico, era agrícola. Y fueron las enormes plantaciones de algodón la que crearon su auge. Mientras su vecino pobre del sur languideció durante siglos, Savannah se convirtió en la joyita que es.

Comentarios ( 1)
Los anglosajones tienen cierta aversión a todo lo que sea hispano, empezando por las personas, quizas porque se sienten amenazados.
Por javier | 1 de Mayo 2007 a las 09:02 AM