A mitad de The Dark Knight, la nueva versión de la pantalla grande de Batman, me di cuenta que no aspiraba a ser una película de acción cualquiera. La escala, me decía mientras observaba el perpetuum mobile, era sencillamente muy distinta.
La respuesta me vino tras devanearme los sesos lo suficiente, y ya casi al final, cuando todo cayó en su lugar. Las aspiraciones de The Dark Knight son sencillamente wagnerianas. Música estruendosa, protagonistas épicos y magnos temas.
Lamentablemente se queda corta, porque al director y guionista sabe como entrar en un laberinto digo de Sígfrido, pero al igual que el original (conste que no soy wagneriano), la fantasía se le va de la mano y Christopher Nolan riza el rizo sin lograr salir. La caída no es, curiosamente, estrepitosa como el producto que se observa si no más bien un zarpazo triste que al final no logra asirse a un cable de tanta telaraña que le tiene tendida.
Aunque falla, merece la pena porque está blindada de grandes actuaciones, lideradas por el gran y difunto Heath Ledger y seguidas por pesos pesados como Aaron Eckhart, Gary Oldman, Maggie Gyllenhall y Michael Caine. Y aunque dentro de la fantasía de su argumento (después de todo, nadie acusará tampoco a Wagner de hacer ópera verité) se sale de quicio, que ya es mucho decir.
Lo más espectacular de todo es que tampoco funciona como película de acción. The Dark Knight es demasiado larga y enrevesada para ello, para disfrutar en un plano mucho menor del que apunta pero del que se disfraza. Aún así, todo un espectáculo que gracias a Heath Ledger y a los dilemas morales, lo hace muy amena.
La respuesta me vino tras devanearme los sesos lo suficiente, y ya casi al final, cuando todo cayó en su lugar. Las aspiraciones de The Dark Knight son sencillamente wagnerianas. Música estruendosa, protagonistas épicos y magnos temas.
Lamentablemente se queda corta, porque al director y guionista sabe como entrar en un laberinto digo de Sígfrido, pero al igual que el original (conste que no soy wagneriano), la fantasía se le va de la mano y Christopher Nolan riza el rizo sin lograr salir. La caída no es, curiosamente, estrepitosa como el producto que se observa si no más bien un zarpazo triste que al final no logra asirse a un cable de tanta telaraña que le tiene tendida.
Aunque falla, merece la pena porque está blindada de grandes actuaciones, lideradas por el gran y difunto Heath Ledger y seguidas por pesos pesados como Aaron Eckhart, Gary Oldman, Maggie Gyllenhall y Michael Caine. Y aunque dentro de la fantasía de su argumento (después de todo, nadie acusará tampoco a Wagner de hacer ópera verité) se sale de quicio, que ya es mucho decir.
Lo más espectacular de todo es que tampoco funciona como película de acción. The Dark Knight es demasiado larga y enrevesada para ello, para disfrutar en un plano mucho menor del que apunta pero del que se disfraza. Aún así, todo un espectáculo que gracias a Heath Ledger y a los dilemas morales, lo hace muy amena.

Comentarios ( 1)
Ja ja, no pienso verla, me espanta el cine "de ruidos", donde todo salta por los aires o explota
Por Javier | 26 de Julio 2008 a las 01:24 PM