Si estuviera en Miami en estos momentos, revisaría mis provisiones del huracán. Y al ver la posible trayectoria del huracán Ike, me prepararía para estar sin luz por lo menos dos semanas y sin agua varios días. Mañana mismo me aseguraría que tengo comida enlatada para esas dos semanas y por lo menos cuatro litros de agua diarios por persona durante ese plazo de tiempo.
Saldría al supermercado a primera hora. También llenaría mi depósito de gasolina y conseguiría un par de bidones de combustible. Y me prepararía para lo peor. Miami no ha sufrido un ataque directo de un huracán grande desde los años 40. En 1950 y 1992, tanto King como Andrew fueron nefastos, pero con un diámetro pequeño. Ike tiene un diámetro de 75 kilómetros (casi el doble que Andrew) y seguramente crecerá.
La sicósis de los modelos es seria y sé que siempre exagero, pero cuando toca, toca. Si los miamenses pensaron que Katrina y Wilma causaron estragos en la ciudad, no han tenido desde hace mucho tiempo frente a sus costas un huracán grande de categoría tres.
