La realidad es mucho más compleja y no tan escabrosa. Buena parte del Bronx se sumió en un ciclo de crimen y decadencia urbana que literalmente destruyó buena parte de sus vecindarios. Demográficamente, tiene menos habitantes hoy que hace 50 años.
La recuperación del Bronx no ha sido a bombo y platillo como la de su vecina del sur. Los delicuentes se fueron a la cárcel, los caseros dejaron de quemar sus edificios y los trabajadores de clase baja volvieron poco a poco. Nadie llamaría a esto un renacimiento, pero a diferencia que hace treinta años, el Bronx no va cuesta abajo sin frenos.
En sus reducidos límites se encuentras suntuosas mansiones, los parques más grandes de la ciudad, la auténtica Pequeña Italia y lugares auténticamente típicos sin el hálito que brindan los turistas.
