Acabo de ver Camino, la película de Javier Fesser que ha ganado el Premio Goya al mejor largometraje español.
Cuenta, con varios flashbacks y reflashbacks los últimos meses de Camino, una niña cuyos padres son del Opus Dei. Camino hace el vaivén entre ser una niña más o menos «normal» (término prescriptivo a lo largo de la película más que descriptivo) y el sendero de la santidad.
La primera mitad del filme es sólida, hasta bonita. Es la lucha entre la supuesta vocación impuesta a la niña (que ya tiene una hermana monja) y sus inocentes deseos terrenales. Aunque la madre (Carme Elías) está pintada de manera tosca y obsesiva, me lo quiero creer.
Pero cuando las cosas se tuercen de verdad para la joven, la película sigue el mismo camino que la madre pero a la inversa: la niña quiere otra realidad y no duda en inventárselo para ella Fesser. El guión se vuelve conspiratorio y hasta obsesivo. Se apea del caballo de Millions (cinta a la que se parece mucho, sobre todo visualmente) para irse por algo más semejante a la Ultima tentación de Jesucristo.
Arremete, sin piedad alguna, contra el Opus Dei. De por sí no tengo muchos problemas con eso, pero siempre digo que un cineasta ha de contar una trama creíble primero y ser cruzado después. Pero a Fesser se le va la mano tanto que los últimos 45 minutos son un verdadero calvario para todos, incluyendo el espectador.
Siempre desconfío de los personajes maniqueístas en el cine (buenos o malos del todo), existen muchas sombras en nuestra humanidad al igual que los claros. Camino sigue la gran tendencia anticlerical histórica española (mucho más sutil en Los girasoles ciegos) y no deja títere o santo sin cabeza. Ninguna alusión es demasiado extrema o excesiva para ser metida en este caldo. Pasa de místico a sórdido deteniéndose un poco en tétrico.
Es una lástima porque Fesser sabe contar una historia (la subtrama del padre tiene momentos de verdadero suspense) y cuando quiere lo hace bien. Pero opta por ser un cruzado de su ideología en lugar de seguir una trama más asequible.
La víctima al final ha sido Camino, una niña que quería ser normal y le ha tocado una madre inflexible que apenas titubea cuando la pone en la picota de la santidad y un cineasta que se pasa de tuerca. Pobre personaje, pobre película. Ambos se merecían algo más católico.
Cuenta, con varios flashbacks y reflashbacks los últimos meses de Camino, una niña cuyos padres son del Opus Dei. Camino hace el vaivén entre ser una niña más o menos «normal» (término prescriptivo a lo largo de la película más que descriptivo) y el sendero de la santidad.
La primera mitad del filme es sólida, hasta bonita. Es la lucha entre la supuesta vocación impuesta a la niña (que ya tiene una hermana monja) y sus inocentes deseos terrenales. Aunque la madre (Carme Elías) está pintada de manera tosca y obsesiva, me lo quiero creer.
Pero cuando las cosas se tuercen de verdad para la joven, la película sigue el mismo camino que la madre pero a la inversa: la niña quiere otra realidad y no duda en inventárselo para ella Fesser. El guión se vuelve conspiratorio y hasta obsesivo. Se apea del caballo de Millions (cinta a la que se parece mucho, sobre todo visualmente) para irse por algo más semejante a la Ultima tentación de Jesucristo.
Arremete, sin piedad alguna, contra el Opus Dei. De por sí no tengo muchos problemas con eso, pero siempre digo que un cineasta ha de contar una trama creíble primero y ser cruzado después. Pero a Fesser se le va la mano tanto que los últimos 45 minutos son un verdadero calvario para todos, incluyendo el espectador.
Siempre desconfío de los personajes maniqueístas en el cine (buenos o malos del todo), existen muchas sombras en nuestra humanidad al igual que los claros. Camino sigue la gran tendencia anticlerical histórica española (mucho más sutil en Los girasoles ciegos) y no deja títere o santo sin cabeza. Ninguna alusión es demasiado extrema o excesiva para ser metida en este caldo. Pasa de místico a sórdido deteniéndose un poco en tétrico.
Es una lástima porque Fesser sabe contar una historia (la subtrama del padre tiene momentos de verdadero suspense) y cuando quiere lo hace bien. Pero opta por ser un cruzado de su ideología en lugar de seguir una trama más asequible.
La víctima al final ha sido Camino, una niña que quería ser normal y le ha tocado una madre inflexible que apenas titubea cuando la pone en la picota de la santidad y un cineasta que se pasa de tuerca. Pobre personaje, pobre película. Ambos se merecían algo más católico.

Comentarios ( 1)
He visto la peli y no me ha disgustado, todo lo más entristecido por el calvario personal de la niña, calvario que sufriría en cualquier caso. El ateismo no la hubiera salvado ni del sufrimiento ni de la muerte.
Una niña es lo que sus padres quieren que sea hasta la bendita adolescencia, me parece más patético el papel de su hermana - no es monja, sino numeraria o aspirante a ello - en donde se puede apreciar a una chica frustrada, triste y engañada por una madre que no duda en impedir su desarrollo emocional y quien sabe si una vida plena, esa es la verdadera critica al Opus
Por Javier | 6 de Febrero 2009 a las 12:12 PM