Hoy, nos cuenta el servicio meteorológico, empezó a nevar pasada la medianoche.21 horas más tarde, sigue nevando a nivel ligero.
Me he montado en tren porque conducir bajo estas condiciones Y al llegar a casa me he topado con este arbolito lleno de nieve
Como la nieve ha sido ligera y sin casi viento, se ha acumulado en todas las ramas. El espectáculo me ha resultado bonito, casi entrañable. Mientras otros peatones pasaban sin fijarse, concentrándose en la peligrosa combinación de hielo y nieve, a mí me ha dejado un poco absorto.
Una amistad, recién llegada, me decía el otro día que el invierno ya le tiene frito. Y eso que no tiene que arrancar el coche en frío todos los días ni que se ha dedicado a quitarle la nieve. Yo, sin embargo, sonrío por estas cosas. En mi infancia en Madrid no tuve mucha nieve, y la que tuve está en unas memorias tan distantes que no me conecto a ellas.
A veces hay que ser de fuera para fijarse y apreciar estas cosas. Es posible que un futuro no muy lejano me canse limpiar la nieve, tener que llegar a los giros con ninguna velocidad, abrigarme mucho, sentir el helado viento neoyorquino en mis mejillas. Hoy por hoy, no. Y sé que cuando me harté estará la deliciosa primavera para recibirme. Visto así, es un monumento más de lo efímero que es la vida. Se puede vivirla amargado o no, pero total, no va a durar tanto.

Comentarios ( 1)
El problema es cuando no se puede cambiar de ciudad ni elegir destino. Pienso que con "la edad" son más agradables los sitios calidos, prueba de ello es la cantidad de norte-europeos que emigran al sur de España y muchos ni esperan a la jubiliación, por algo será.
Por Javier | 4 de Febrero 2009 a las 11:53 AM