Era ya tarde en un prolongadísimo paseo por Brooklyn. En total habíamos participado seis en el recorrido por varios barrios, prolongado por varias paradas y, como no, para degustar la deliciosa pizza al estilo local de Luigi's Pizza.
Pero al llegar a Bedford-Stuyvesant (o como lo abrevian los locales, Bed-Stuy), sólo quedábamos mi amigo Bricio y yo. Bed-Stuy es famoso por sus conflictos raciales, al estilo de Do the Right Thing, que se emplazó en este barrio de casas señoriales venido a menos.
En los brownstones de Macdonough Street pasamos por delante del 116 y Bricio se quedó mirando una gigantesca fiesta de cumpleaños.
«Ojalá pudiéramos pasar a ver la fiesta», me dice. Yo, tan desconfiado que soy, le contesto que ni lo sueñe, que nos miran con mala cara. Pero de la nada surge Karen, la agasajada, y nos invita. Dentro de su brownstone está tocando una orquesta de jazz y pasamos a verlo.
La escena es genial, una de estas cosas que te pasan en Nueva York y no te lo crees. Aunque han transcurrido pocas horas desde que ha pasado, al escribir esto me parece un sueño. Suerte que lo grabé con el móvil.
Pero al llegar a Bedford-Stuyvesant (o como lo abrevian los locales, Bed-Stuy), sólo quedábamos mi amigo Bricio y yo. Bed-Stuy es famoso por sus conflictos raciales, al estilo de Do the Right Thing, que se emplazó en este barrio de casas señoriales venido a menos.
En los brownstones de Macdonough Street pasamos por delante del 116 y Bricio se quedó mirando una gigantesca fiesta de cumpleaños.
«Ojalá pudiéramos pasar a ver la fiesta», me dice. Yo, tan desconfiado que soy, le contesto que ni lo sueñe, que nos miran con mala cara. Pero de la nada surge Karen, la agasajada, y nos invita. Dentro de su brownstone está tocando una orquesta de jazz y pasamos a verlo.
La escena es genial, una de estas cosas que te pasan en Nueva York y no te lo crees. Aunque han transcurrido pocas horas desde que ha pasado, al escribir esto me parece un sueño. Suerte que lo grabé con el móvil.
