Los conceptos de Staten Island como el reducto conservador de Nueva York, el extrarradio olvidado, se portaron bien durante mi caminata pasado el imponente mirador de Battery Weed (en la foto).
Pero bajando por Bay Street camino hacia el norte, me empiezan a suceder cosas que no me habían pasado ni en lo más profundo del Bronx. Un señor se enfada porque fotografío su casa, que está en el registro de edificios históricos. A unas pocas manzanas una señora sale de su casa y pocos metros después tira un papel de aluminio en plena calle. Después de pasar la casa donde vivió Garibaldi, me encuentro en una zona decrépita y casi me da miedo avanzar.
Una media hora más tarde me encuentro con el distrito antiguo de Edgewater, dominado por inmigrantes. Un poco más adelante, tras empinadas cuestas, suntuosas mansiones de cerveceros decimónicos. Un poco más al norte, un tétrico hospital en ruinas y un egipcio que me vende agua en su tiendecita. Isla de contrastes, esta. Y apenas tiene una población de medio millón y me he recorrido quince kilómetros.
Pero bajando por Bay Street camino hacia el norte, me empiezan a suceder cosas que no me habían pasado ni en lo más profundo del Bronx. Un señor se enfada porque fotografío su casa, que está en el registro de edificios históricos. A unas pocas manzanas una señora sale de su casa y pocos metros después tira un papel de aluminio en plena calle. Después de pasar la casa donde vivió Garibaldi, me encuentro en una zona decrépita y casi me da miedo avanzar.
Una media hora más tarde me encuentro con el distrito antiguo de Edgewater, dominado por inmigrantes. Un poco más adelante, tras empinadas cuestas, suntuosas mansiones de cerveceros decimónicos. Un poco más al norte, un tétrico hospital en ruinas y un egipcio que me vende agua en su tiendecita. Isla de contrastes, esta. Y apenas tiene una población de medio millón y me he recorrido quince kilómetros.
