El otro día señalé la baja del precio de la vivienda y su continua espiral.
En las próximas semanas, cuando las multinacionales empiecen a anunciar sus resultados del primer trimestre, los mercados bursátiles verán su quimera de recuperación esfumarse ante sus ojos como el espejismo que es.
El problema y solución de la crisis económica pasa por los bancos y sus activos inmobiliarios. Aunque las ejecuciones de préstamos morosos van en aumento, muchas entidades las han suspendido porque la acumulación de hipotecas tóxicas reduciría sus activos a cantidades irrisibles, provocando el desplome.
El gobierno de Obama habrá entrado con la mejor intención del mundo, pero salvo que tenga un as bajo la manga, se ha enfrentado al problema de manera tímida y poco lógica.
Sencillamente, los bancos tienen unos activos insolubles, tan tóxicos porque sobre papel tienen un valor que posiblemente sea un 60 por ciento de su valor de mercado actual.
Que el gobierno dé más liquidez a los bancos para que arranquen la economía es un disparate, pues al ver el agujero que tienen en sus activos inmobiliarios, los bancos se están quedando con el mayor número de capital posible.
Desde la Gran Depresión, EE.UU. tiene un mecanismo para la nacionalización de bancos insolventes. Hasta ahora sólo se emplea para los pequeños bancos, y la posesión pública de las entidades intervenidas es de cuestión de un fin de semana. Ahora le toca a los grandes pasar por el aro de la intervención.
Nadie más lo va a pedir. Los banqueros saben que se la juegan si dan indicio alguno de insolvencia. Esperan que un milagro del mercado, en el que todos los meses cientos de miles de personas pierden sus empleos, despierte de repente el precio de los inmuebles. Creen que pueden aguantar el chaparrón y que sus inescrutables activos tóxicos se volverán algún día potables. Pero pasan los meses y la realidad es otra, no solo distinta sino cada vez más contraria.
El gobierno es consciente que las apariencias y las palabras pueden ser más venenosas aún que los activos sobrevalorados. Y por eso albergo la esperanza de que un viernes por la tarde venidero el gobierno federal intervenga CitiBank y se lo venda a Chase o cualquier otro banco por un precio envidiable.
Si no, que Dios nos coja confesados porque esta pantomima no puede durar para siempre. Tarde o temprano Obama se dará cuenta que este gigantesco nudo gordiano no se deshilacha hilito por hilito sino de un golpe grande y seco.
En las próximas semanas, cuando las multinacionales empiecen a anunciar sus resultados del primer trimestre, los mercados bursátiles verán su quimera de recuperación esfumarse ante sus ojos como el espejismo que es.
El problema y solución de la crisis económica pasa por los bancos y sus activos inmobiliarios. Aunque las ejecuciones de préstamos morosos van en aumento, muchas entidades las han suspendido porque la acumulación de hipotecas tóxicas reduciría sus activos a cantidades irrisibles, provocando el desplome.
El gobierno de Obama habrá entrado con la mejor intención del mundo, pero salvo que tenga un as bajo la manga, se ha enfrentado al problema de manera tímida y poco lógica.
Sencillamente, los bancos tienen unos activos insolubles, tan tóxicos porque sobre papel tienen un valor que posiblemente sea un 60 por ciento de su valor de mercado actual.
Que el gobierno dé más liquidez a los bancos para que arranquen la economía es un disparate, pues al ver el agujero que tienen en sus activos inmobiliarios, los bancos se están quedando con el mayor número de capital posible.
Desde la Gran Depresión, EE.UU. tiene un mecanismo para la nacionalización de bancos insolventes. Hasta ahora sólo se emplea para los pequeños bancos, y la posesión pública de las entidades intervenidas es de cuestión de un fin de semana. Ahora le toca a los grandes pasar por el aro de la intervención.
Nadie más lo va a pedir. Los banqueros saben que se la juegan si dan indicio alguno de insolvencia. Esperan que un milagro del mercado, en el que todos los meses cientos de miles de personas pierden sus empleos, despierte de repente el precio de los inmuebles. Creen que pueden aguantar el chaparrón y que sus inescrutables activos tóxicos se volverán algún día potables. Pero pasan los meses y la realidad es otra, no solo distinta sino cada vez más contraria.
El gobierno es consciente que las apariencias y las palabras pueden ser más venenosas aún que los activos sobrevalorados. Y por eso albergo la esperanza de que un viernes por la tarde venidero el gobierno federal intervenga CitiBank y se lo venda a Chase o cualquier otro banco por un precio envidiable.
Si no, que Dios nos coja confesados porque esta pantomima no puede durar para siempre. Tarde o temprano Obama se dará cuenta que este gigantesco nudo gordiano no se deshilacha hilito por hilito sino de un golpe grande y seco.

Comentarios ( 1)
Ya son muchas las voces que se alzan contra la política de la Casa Blanca de poner dinero en los bancos y en otros sectores, el mal llamado rescate, pero la alternativa no parece mucho mejor, de no hacerlo, la quiebra de todo, si de todo, el sistema financiero sería inmediata, puede que así se aplace y exista una remota posibilidad de impedir el desastre. El default es una amenaza real para USA y ya os podeis imaginar los efectos de la onda expansiva.
Por Javier | 7 de Abril 2009 a las 03:38 AM