Por lo general uno suele callar sobre lo que dice en los comentarios. Hace algún tiempo mis lectores (que son unos 40 diarios, más o menos) dejaron de comentar, salvo la excepción de Javier. Lejos quedan los posts que tenían 5 ó 10 comentarios.
La gente que me lee pero no comenta a veces me pregunta quién es el industrioso Javier, y aunque existen teorías exóticas sobre su identidad y consistencia (comenta casi siempre en exclusiva en la inmensa mayoría de mis posts desde hace más de tres años), hay que utilizar la cuchilla de Ockham para especular.
El caso que en el 95 por ciento de los casos Javier interviene para expresar su desacuerdo y desconfianza. A veces discrepa vehementemente, a veces sospecho que sólo lo hace por la manía de llevar la contraria, caiga la coherencia que caiga.
Javier ha dejado dicho...
La gente que me lee pero no comenta a veces me pregunta quién es el industrioso Javier, y aunque existen teorías exóticas sobre su identidad y consistencia (comenta casi siempre en exclusiva en la inmensa mayoría de mis posts desde hace más de tres años), hay que utilizar la cuchilla de Ockham para especular.
El caso que en el 95 por ciento de los casos Javier interviene para expresar su desacuerdo y desconfianza. A veces discrepa vehementemente, a veces sospecho que sólo lo hace por la manía de llevar la contraria, caiga la coherencia que caiga.
Javier ha dejado dicho...
...que lo hace para enseñarme otro punto de vista,
para sacarme de mi burbuja de bloguero. Lo cual me parece aceptable (si
no, no aprobaría casi ninguno de sus comentarios), aunque no se da
cuenta que para sacarme de mi burbuja no tiene tapujos en introducirme
en la suya, que de tremenda tiene mucho.
No me importa que a veces se esfuerce para ser desagradable ni que insinúe que conoce mi vida mejor que yo. En cierta forma me maravilla su tenacidad de exponer su discrepancia, por lo general extrema, día tras día, post tras post.
Me pongo en sus zapatos; si hubiera una web que odiara a Nueva York con todas sus fuerzas, yo sería incapaz de hacerlo y admiro su persistencia de querer ser el convidado de Piedra cibernético muy a su manera.
Es ese tesón lo que hace especular a varios sobre Javier. ¿Será mi progenitor? ¿Un pariente despechado? ¿Alguien a quien le hice una faena en mis muchos años de inconsciencia? Lo dudo, por varios motivos que no vienen a cuento aquí.
Ni siquiera me altera su curiosa forma de poner algunas palabras en mayúscula para enfatizar su punto de vista. Lo único que me molesta de verdad es la determinación de hablar sin conocimiento de causa. No sólo sobre su manía a Nueva York, ciudad que no ha pisado en su vida, sino en otros temas.
Las pocas veces que lo resalto, inmediatamente salta a la defensiva y dice, como esta mañana, que no quiero que nadie me lleve la contraria. Nada de admisión de error, de reconocer sus limitaciones. Cuando dejo claro que soy yo el que está amparado por la información y los datos, salta con lo de que no quiero que nadie me lleve la contraria.
Pero volvamos a las afirmaciones sin pies ni cabeza.
Como muestra, el comentario de hace unos días:
Bien, aparte de discrepar, Javier introduce varias aseveraciones que son falsas, ya sea a conciencia o por ignorancia.
Primero, nadie quiere utilizar la misma liturgia. Si eres un cristiano evangélico y quieres casarte en una parroquia católica, no lo vas a lograr. Y viceversa. Pero al mencionar la liturgia se despierta el espectro (que solo es eso) de la libertad religiosa. Pedimos sencillamente el derecho civil a casarse. Y si alguna iglesia te quiere casar (garantizo que existen; hace casi ocho años me casé en una), que lo haga.
Segundo, desde el principio, el planteamiento de unión que señala ha representado una pelea feroz que casi siempre ha desembocado en fracaso. Eso es el motivo de que en Nueva York, estado de izquierdas como pocos, no ofrezca derecho alguno a las parejas del mismo sexo. Ni en Nueva York, ni en Florida ni en 39 estados de la unión.
El republicanísimo gobernador de Utah pidió hace unos meses una ley de parejas a su legislatura y se le rieron en la cara. La legislatura de Nevada, estado que se burla del matrimonio como pocos, acaba de aprobar una tímida ley de parejas, parecida a la que Javier asegura que se deben dilucidar sin problemas, pero el gobernador la ha vetado.
Consecuentemente, reitero, en muchos casos y en el mío en concreto, es el matrimonio o nada. No hay una alternativa con otro nombre que desdeñe. Al ser una minoría, convencer a los políticos ha sido toda una hazaña. Y en la mayoría de los casos sólo las únicas puertas que se podían abrir eran la de la justicia.
Pero Javier ignora, u opta por ignorar, la larga y desesperante lucha para que una minoría obtenga sus derechos. Y ni hablemos de los derechos federales, que en este momento son cero.
Por lo general, estas cosas las dejo pasar. Pero cuando convergen la ausencia de conocimiento de causa con un tema que no sólo conozco a dedillo sino que además me afecta en lo personal, no puedo callar. Me toca ser didáctico y regañar.
Hace un par de años a mi nuevo jefe, persona informada, me preguntó por qué no nos acogíamos a los derechos federales para parejas del mismo sexo. Le contesté que no existían, para su gran sorpresa. Si alguien que apoya nuestra causa es ignorante, no se puede pedir más de alguien que la desprecia. Pero en este blog se señalará la realidad.
Cuando sucede, me supongo que se atribuirán otros motivos. Nada más lejos. La ignorancia temeraria tiene su precio y aquí, en los casos más extremos, se tarifa.
No me importa que a veces se esfuerce para ser desagradable ni que insinúe que conoce mi vida mejor que yo. En cierta forma me maravilla su tenacidad de exponer su discrepancia, por lo general extrema, día tras día, post tras post.
Me pongo en sus zapatos; si hubiera una web que odiara a Nueva York con todas sus fuerzas, yo sería incapaz de hacerlo y admiro su persistencia de querer ser el convidado de Piedra cibernético muy a su manera.
Es ese tesón lo que hace especular a varios sobre Javier. ¿Será mi progenitor? ¿Un pariente despechado? ¿Alguien a quien le hice una faena en mis muchos años de inconsciencia? Lo dudo, por varios motivos que no vienen a cuento aquí.
Ni siquiera me altera su curiosa forma de poner algunas palabras en mayúscula para enfatizar su punto de vista. Lo único que me molesta de verdad es la determinación de hablar sin conocimiento de causa. No sólo sobre su manía a Nueva York, ciudad que no ha pisado en su vida, sino en otros temas.
Las pocas veces que lo resalto, inmediatamente salta a la defensiva y dice, como esta mañana, que no quiero que nadie me lleve la contraria. Nada de admisión de error, de reconocer sus limitaciones. Cuando dejo claro que soy yo el que está amparado por la información y los datos, salta con lo de que no quiero que nadie me lleve la contraria.
Pero volvamos a las afirmaciones sin pies ni cabeza.
Como muestra, el comentario de hace unos días:
El problema radica, a mi juicio, en querer imponer o admitir la posibilidad de un matrimonio gay, incluso utilizando la misma liturgia. Si se hubiera planteado desde siempre como una unión homosexual o con un nombre parecido, pero con los mismos efectos legales, hereditarios, fiscales etc.., a estas alturas no existiría problema alguno.
Bien, aparte de discrepar, Javier introduce varias aseveraciones que son falsas, ya sea a conciencia o por ignorancia.
Primero, nadie quiere utilizar la misma liturgia. Si eres un cristiano evangélico y quieres casarte en una parroquia católica, no lo vas a lograr. Y viceversa. Pero al mencionar la liturgia se despierta el espectro (que solo es eso) de la libertad religiosa. Pedimos sencillamente el derecho civil a casarse. Y si alguna iglesia te quiere casar (garantizo que existen; hace casi ocho años me casé en una), que lo haga.
Segundo, desde el principio, el planteamiento de unión que señala ha representado una pelea feroz que casi siempre ha desembocado en fracaso. Eso es el motivo de que en Nueva York, estado de izquierdas como pocos, no ofrezca derecho alguno a las parejas del mismo sexo. Ni en Nueva York, ni en Florida ni en 39 estados de la unión.
El republicanísimo gobernador de Utah pidió hace unos meses una ley de parejas a su legislatura y se le rieron en la cara. La legislatura de Nevada, estado que se burla del matrimonio como pocos, acaba de aprobar una tímida ley de parejas, parecida a la que Javier asegura que se deben dilucidar sin problemas, pero el gobernador la ha vetado.
Consecuentemente, reitero, en muchos casos y en el mío en concreto, es el matrimonio o nada. No hay una alternativa con otro nombre que desdeñe. Al ser una minoría, convencer a los políticos ha sido toda una hazaña. Y en la mayoría de los casos sólo las únicas puertas que se podían abrir eran la de la justicia.
Pero Javier ignora, u opta por ignorar, la larga y desesperante lucha para que una minoría obtenga sus derechos. Y ni hablemos de los derechos federales, que en este momento son cero.
Por lo general, estas cosas las dejo pasar. Pero cuando convergen la ausencia de conocimiento de causa con un tema que no sólo conozco a dedillo sino que además me afecta en lo personal, no puedo callar. Me toca ser didáctico y regañar.
Hace un par de años a mi nuevo jefe, persona informada, me preguntó por qué no nos acogíamos a los derechos federales para parejas del mismo sexo. Le contesté que no existían, para su gran sorpresa. Si alguien que apoya nuestra causa es ignorante, no se puede pedir más de alguien que la desprecia. Pero en este blog se señalará la realidad.
Cuando sucede, me supongo que se atribuirán otros motivos. Nada más lejos. La ignorancia temeraria tiene su precio y aquí, en los casos más extremos, se tarifa.

Comentarios ( 4)
Hola, "amigo " Emilio, no me molestan en absoluto tus furibundas criticas, sigo pensando que eres una de esas "buenas personas insoportables". Esa vehemencia, esa intransigencia..., se te pasarán con los años y los disgustos que están por llegar.
Por javier | 28 de Mayo 2009 a las 06:47 AM
te casaste????
ehhhh enserio???
Por Gabriel | 28 de Mayo 2009 a las 03:59 PM
Javier, qué horror, aparte de los muchos disgustos que ya he tenido en mi vida, en los que incluyo varios de tus desmedidos comentarios, ¿me vienen más? Vaya por Dios. Este mundo (cibernético) sí que es un valle de lágrimas.
Por Emilio | 9 de Junio 2009 a las 10:34 AM
Me casé, Gabriel, me casé.
Por Emilio | 9 de Junio 2009 a las 10:35 AM