Debido al uso de los grados Fahrenheit, la barrera sicológica del verano neoyorquino son los 90 grados Fahrenheit, que vienen a ser 32,2 centígrados. Históricamente, cualquier día que superaba dicha temperatura era considerado caluroso.
El caso es que aunque mis antiguas ciudades de residencia lleven ya puñados de días por encima de los 32 grados, en Nueva York no hemos alcanzado esta temperatura durante el verano. Es la segunda vez en 140 años que pasa: un junio y julio en el que no se alcanza la dichosa temperatura.
La principal culpable ha sido la lluvia, pues la corriente en chorro polar está mucho más al sur que de costumbre. Y se agradece. Ayer anduve 33 kilómetros y el mercurio rozó los 29 grados por un par de horas, para luego descender a temperaturas más frescas. Y no vi ni una sola nube en el horizonte.
Hoy está cayendo un chaparrón de cuidado y apenas superaremos los 25.
El New York Times informa que menos personas han asistido a las numerosas playas municipales, las ventas de unidades de aire acondicionado están por los suelos y el consumo eléctrico está muy por debajo de lo normal.
Francamente, lo prefiero. Me temo que la segunda quincena de agosto el sol apretará más (esto del verano te hace la pascua al entrar o al salir) y ya me quejaré, pero por ahora qué maravilla.
En el mencionado artículo citan a un experto que explica que la tolerancia al calor se disminuye cuando hay más fresco. En fin, que nunca llueve a gusto de todos
El caso es que aunque mis antiguas ciudades de residencia lleven ya puñados de días por encima de los 32 grados, en Nueva York no hemos alcanzado esta temperatura durante el verano. Es la segunda vez en 140 años que pasa: un junio y julio en el que no se alcanza la dichosa temperatura.
La principal culpable ha sido la lluvia, pues la corriente en chorro polar está mucho más al sur que de costumbre. Y se agradece. Ayer anduve 33 kilómetros y el mercurio rozó los 29 grados por un par de horas, para luego descender a temperaturas más frescas. Y no vi ni una sola nube en el horizonte.
Hoy está cayendo un chaparrón de cuidado y apenas superaremos los 25.
El New York Times informa que menos personas han asistido a las numerosas playas municipales, las ventas de unidades de aire acondicionado están por los suelos y el consumo eléctrico está muy por debajo de lo normal.
Francamente, lo prefiero. Me temo que la segunda quincena de agosto el sol apretará más (esto del verano te hace la pascua al entrar o al salir) y ya me quejaré, pero por ahora qué maravilla.
En el mencionado artículo citan a un experto que explica que la tolerancia al calor se disminuye cuando hay más fresco. En fin, que nunca llueve a gusto de todos

Comentarios ( 2)
no es nada, para vivr en Val-lluvia, sobrenombre de Valdivia, aca apenas me he mojado este invierno, pero he tenido un frio... de todas maneras extraño la lluvia invernal de estas fechas
Por Gabeil | 2 de Agosto 2009 a las 04:38 PM
No, si tú eres de los míos: cuanto más fresquito, mejor. Lo de Madrid estos días es de infierno (sobre todo a la hora en que salgo del curro, esos 15 minutos cruzando el desierto para llegar al metro)..
Por Alejandro | 4 de Agosto 2009 a las 12:55 AM