Hace más o menos un mes,Francisco Hernández, un chico de 13 años con Síndrome de Asperger, fue regañado en su colegio de Bensonhurst, en Brooklyn,Con miedo a llegar a casa, decidió no volver. Los padres, inmigrantes mexicanos, hicieron la denuncia enseguida. Vieron que las autoridades no reaccionaron a su gusto y decidieron contactar a su consulado.
Con el apoyo de algunos medios en español, Marisela y Francisco se metieron en el metro todos los días a buscar a su hijo. Francisco padre también recorrió varias veces el barrio en bicicleta. No dio resultado.
La policía al final dijo que Francisco hijo podría estar escondiéndose en casa de un amigo. «Imposible», contestaron los padres, «no tiene». A los 11 días de esta odisea, un policía identificó al chaval, delgadísimo y con muy mala cara en un vagón de la línea D.
De alguna manera había subsistido con 10 dólares. Debido a su aflicción, no entabló contacto con nadie.
La historia me llegó al alma por muchos motivos. No sólo explica mucho sobre la ciudad, que generalmente no para por nadie, sino también sobre mí. Pese a la angustia de los padres, hay un final feliz. El New York Times lo cuenta aquí.
Foto de Marisela García, madre de Francisco, sujetando uno de los carteles que colocó en la calle durante la desaparición, por Ashley Gilbertson para el New York Times.
