Es curioso que las primeras memorias que tengo tanto de Miami como de Nueva York sean de conductores.
A Miami llegué por primera vez un 6 de octubre de 1979, y mi primera imagen después de un viaje agitadísimo y de unas 24 horas anteriores para morirse, es de un conductor de autobús. Cerraba la puerta para llevarnos de la nueva terminal internacional (la actual E) a la aduana. El trencito que actualmente recorre en tramo todavía estaba en obras, y me acuerdo del señor que cerraba la puerta y encendía un ventilador, pequeñísimo, a su lado.
Diez meses más tarde viajamos a Nueva York. Como todo lo que hacía mi madre en esa época, era tan atrevido, llevar a dos niños de 12 y 13 años a una ciudad donde desconocíamos todo. Atrevido pero casual, casi como el que va a comprar pan a la esquina. Pero había que conocer la gran y peligrosísima metrópolis, y era de rigor. En la antigua central de autobuses nos montamos en un taxi.
El taxista nos preguntó adónde íbamos y mi madre dijo que al Sheraton. En su mejor acento neyorquino el taxista contestó que había muchísimos Sheratons en toda Nueva York. Como mi madre ("I speak well, but I don't understand very much") no captó del todo, le indiqué que era el de la Séptima Avenida y la 53. Y así llegamos al hotel.
La ciudad me pareció algo peligrosa (el metro, me acuerdo, era de espanto con sus pintadas) y aparte de los lugares turísiticos de rigor, como la Estatua de la Libertad, las Torres Gemelas, el Rockefeller Center y la Catedral de San Patricio, no me acuerdo de mucho más. Ni nos aventuramos a Times Square ni a la peligrosísima calle 42. Actualmente son una copia fiel de Disneyworld, pero en aquel entonces eran, como bien lo dice Taxi Driver, otro rollo.
Tampoco me llamó mucho la atención. Pasarían ocho años hasta que volviera, en visita relámpago, y otra década más para que lo conociera como turista adulto de nuevo. No me empecé a enamorar hasta mi visita en enero de 2004, en pleno fragor del invierno.
El simbolismo, el conductor como catalitico de cambio, esta servido.
A Miami llegué por primera vez un 6 de octubre de 1979, y mi primera imagen después de un viaje agitadísimo y de unas 24 horas anteriores para morirse, es de un conductor de autobús. Cerraba la puerta para llevarnos de la nueva terminal internacional (la actual E) a la aduana. El trencito que actualmente recorre en tramo todavía estaba en obras, y me acuerdo del señor que cerraba la puerta y encendía un ventilador, pequeñísimo, a su lado.
Diez meses más tarde viajamos a Nueva York. Como todo lo que hacía mi madre en esa época, era tan atrevido, llevar a dos niños de 12 y 13 años a una ciudad donde desconocíamos todo. Atrevido pero casual, casi como el que va a comprar pan a la esquina. Pero había que conocer la gran y peligrosísima metrópolis, y era de rigor. En la antigua central de autobuses nos montamos en un taxi.
El taxista nos preguntó adónde íbamos y mi madre dijo que al Sheraton. En su mejor acento neyorquino el taxista contestó que había muchísimos Sheratons en toda Nueva York. Como mi madre ("I speak well, but I don't understand very much") no captó del todo, le indiqué que era el de la Séptima Avenida y la 53. Y así llegamos al hotel.
La ciudad me pareció algo peligrosa (el metro, me acuerdo, era de espanto con sus pintadas) y aparte de los lugares turísiticos de rigor, como la Estatua de la Libertad, las Torres Gemelas, el Rockefeller Center y la Catedral de San Patricio, no me acuerdo de mucho más. Ni nos aventuramos a Times Square ni a la peligrosísima calle 42. Actualmente son una copia fiel de Disneyworld, pero en aquel entonces eran, como bien lo dice Taxi Driver, otro rollo.
Tampoco me llamó mucho la atención. Pasarían ocho años hasta que volviera, en visita relámpago, y otra década más para que lo conociera como turista adulto de nuevo. No me empecé a enamorar hasta mi visita en enero de 2004, en pleno fragor del invierno.
El simbolismo, el conductor como catalitico de cambio, esta servido.

Comentarios ( 1)
Como para no creer en el destino después de los giros que ha dado tu vida, y aunque te creas que si, probablemente poco o casi nada has tenido que ver con los resultados, bien podrías estar vendiendo pisos en Madrid
Por javier | 27 de Enero 2010 a las 05:43 AM