Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, es un ave rara en el mundo de la política. Independiente hasta el punto de la terquedad, autofinanciarse su propia campaña, gastándose nada menos que 102 millones de dólares. Es todo un récord para una persona que busca emplear sus millones.
Lo curioso es que ganó su segunda reelección hace poco por un margen muy inferior a lo sospechado. Los motivos son varios, entre ellos el mal momento económico y las sospechas que él, como multimillonario, no aboga por la gente de a pie.
Pero quizá la mayor razón para no votarle fue que, al igual que Hugo Chávez y Álvaro Uribe, decidió cambiar las normas electorales para buscar la reelección. Anteriormente, en dos consultas, los votantes de Nueva York optaron abrumadoramente por limitar al alcalde y resto del concejo a dos períodos.
Con el apoyo de los concejales que veían sus plazos de gobierno acabarse, Bloomberg cambió la ley. Su oponente, un debilísimo demócrata (Bill Thompson), perdió por los pelos.
Nos gusta pensar que la vergüenza puede más que el dinero, y a veces es casi así.
Lo curioso es que ganó su segunda reelección hace poco por un margen muy inferior a lo sospechado. Los motivos son varios, entre ellos el mal momento económico y las sospechas que él, como multimillonario, no aboga por la gente de a pie.
Pero quizá la mayor razón para no votarle fue que, al igual que Hugo Chávez y Álvaro Uribe, decidió cambiar las normas electorales para buscar la reelección. Anteriormente, en dos consultas, los votantes de Nueva York optaron abrumadoramente por limitar al alcalde y resto del concejo a dos períodos.
Con el apoyo de los concejales que veían sus plazos de gobierno acabarse, Bloomberg cambió la ley. Su oponente, un debilísimo demócrata (Bill Thompson), perdió por los pelos.
Nos gusta pensar que la vergüenza puede más que el dinero, y a veces es casi así.
