Una de las zonas históricas más apartadas (en el sentido figurado, no geográfico) de Manhattan tiene un nombre compuesto nada fácil de recordar: Vandam-King-Charlton. Son tres calles que logran mantener la arquitectura federal de ese Nueva York naciente a principios del siglo XIX. Aunque había perdido la capitalidad tanto estatal como nacional, la ciudad estaba al border de eclipsar a sus antiguas adversarias de Filadelfia y Boston para convertirse en la metrópolis dominante de Estados Unidos.
Las casi 80 fincas tienen su estilo, que pasan del adusto federal y terminan, en una transición arquitectónica que entusiamaría a los geólogos, en el neogriego clásico. Este último y ornamentado estilo empezó a suplantar al más más sobrio federal justo cuando la zona se empezaba a edificar. Al igual que otra joyita en Sullivan Street, las casas están por lo general muy bien mantenidas y son casi un museo urbano viviente. En esta ciudad, donde lo antiguo siempre ha tenido mal nombre, por lo menos hasta hace muy poco, es todo un placer recorrer sus calles de adoquí y fijarse en las bonitas casas de ladrillo visto.
Las casi 80 fincas tienen su estilo, que pasan del adusto federal y terminan, en una transición arquitectónica que entusiamaría a los geólogos, en el neogriego clásico. Este último y ornamentado estilo empezó a suplantar al más más sobrio federal justo cuando la zona se empezaba a edificar. Al igual que otra joyita en Sullivan Street, las casas están por lo general muy bien mantenidas y son casi un museo urbano viviente. En esta ciudad, donde lo antiguo siempre ha tenido mal nombre, por lo menos hasta hace muy poco, es todo un placer recorrer sus calles de adoquí y fijarse en las bonitas casas de ladrillo visto.
