En cierta manera, Up in the air, posiblemente la película más ambiciosa de las candidatas al Óscar, es un homenaje a Billy Wilder. Personajes muy bien sombreados, diálogos inteligentes y un guión zumbante que no permite rezagarse.
Las actuaciones están hechas a la medida, no solo de George Clooney (cuyo solterón de frialdad estudiada se está convirtiendo en su papel idóneo) y Vera Farmiga, sino de Anna Kendrick, que se gradúa como trepa ambiciosa y deja a un lado las ñoñerías de Twilight.
El joven Jason Reitmen, al igual que en Juno, sabe lo que quiere contar y lo cuenta bien. La película está estupendamente hecha y aunque su guión es un poco predicible, Reitman parece heredero nato de Wilder.
El problema principal, sin embargo, es su ambicioso guión. Querer contar una historia tan seria (el cambio filosófico de un solterón empedernido dedicado a ser el verdugo profesional del siglo XXI) y a la vez intentar ser tan ligero no funciona del todo. Las tres patas interpretativas de esta silla (Clooney, Farmiga y Kendrick) funcionan a las mil maravillas.
Pero la cuarta pata, el argumento, no lo tiene tan claro. La crisis existencial de Clooney se ve venir, pero su personaje tiene un camino a Damasco bastante crudo, demasiado. Y sin revelar el final, el personaje de Farmiga, tan bien interpretado, acaba siendo inverosímil.
Por lo cual Up in the Air intenta jugar a las cuatro esquinas queriéndose quedar siempre con dos a la vez, y ni Reitman con su gran elenco pueden lograrlo. No se pueden conjurar demonios durante tres cuartas partes de la película y terminarla fingiendo que ya han sido exorcizados. La silla que representa Up in the Air es genial, muy bonita y cómoda, pero en el fondo cojea.
Las actuaciones están hechas a la medida, no solo de George Clooney (cuyo solterón de frialdad estudiada se está convirtiendo en su papel idóneo) y Vera Farmiga, sino de Anna Kendrick, que se gradúa como trepa ambiciosa y deja a un lado las ñoñerías de Twilight.
El joven Jason Reitmen, al igual que en Juno, sabe lo que quiere contar y lo cuenta bien. La película está estupendamente hecha y aunque su guión es un poco predicible, Reitman parece heredero nato de Wilder.
El problema principal, sin embargo, es su ambicioso guión. Querer contar una historia tan seria (el cambio filosófico de un solterón empedernido dedicado a ser el verdugo profesional del siglo XXI) y a la vez intentar ser tan ligero no funciona del todo. Las tres patas interpretativas de esta silla (Clooney, Farmiga y Kendrick) funcionan a las mil maravillas.
Pero la cuarta pata, el argumento, no lo tiene tan claro. La crisis existencial de Clooney se ve venir, pero su personaje tiene un camino a Damasco bastante crudo, demasiado. Y sin revelar el final, el personaje de Farmiga, tan bien interpretado, acaba siendo inverosímil.
Por lo cual Up in the Air intenta jugar a las cuatro esquinas queriéndose quedar siempre con dos a la vez, y ni Reitman con su gran elenco pueden lograrlo. No se pueden conjurar demonios durante tres cuartas partes de la película y terminarla fingiendo que ya han sido exorcizados. La silla que representa Up in the Air es genial, muy bonita y cómoda, pero en el fondo cojea.

Comentarios ( 1)
Vi la pelicula y lo más dramatico es la forma frivola y superficial de tratar el despido, sobre todo por la ligereza mental del protagonista, como si sus neuras justificasen algo tan brutal como es darle una patada en el culo a la gente.
Por javier | 30 de Marzo 2010 a las 09:13 AM