Imaginemos por un momento que yo dirijo una empresa, Fulano S.A., donde algunos empleados asaltan a ciertos clientes.
Por varios motivos, los clientes deciden no presentar una denuncia, aunque siendo fieles clientes de Fulano S.A. sí protestan ante el gerente de turno.
Al enterarme, o al darse cuenta otro gerente, los empleados son enviados a otros departamentos donde, esperemos, no volverán a repetir su conducta. Pero algunos reinciden y hay que enviarlos a otros locales, o peor aún, tras un larguísimo trámite que puede durar décadas, despedirlos.
Cuando por fin el revuelo es tan grande que las autoridades intervienen, así me defiendo:
1. «La culpa es de los asaltantes, es que hoy en día la delincuencia está en boga, oiga».
2. «Vale, quizá haya que hacer algo, pero en otras empresas pasa lo mismo ¡y a veces peor! ¿Por qué nadie habla de ellas?»
3. «La culpa es de los clientes, si es que algunos casi piden que les asalten. ¡Nos provocan!»
4. «Es que le tienes manía a Fulano S.A. Hay muchos policías y grupos extremos que nos tienen ganas de hacer daño».
5. «El 90 por ciento de los ladrones de todo el mundo son hombres. ¿Qué vas a hacer, detener a todos los hombres?»
6. «A mí nunca me dijeron nada mis gerentes, por lo cual no puedo ser ni siquiera responsable moral por estos delitos, aunque hayan ocurrido en mis instalaciones y se hayan perpetrado por mis empleados. No importa que Fulano S.A. sea perfectamente jerárquica y que no se mueva un dedo sin yo enterarme».
7. «Somos una multinacional y yo soy residente de otro país».
8. «Fulano S.A. hace mucho bien. De hecho, combate todo tipo de mal social».
Creo que, además de reírnos y rascarnos la cabeza ante estas defensas, diríamos inmediatamente dos cosas: esto no se dirige al hecho que se hayan encubierto a delincuentes y por lo tanto cómplices en cierta forma. Jurídicamente, apenas el sexto punto se dirige a una defensa coherente y pertinente.
Obviamente ante estos hechos, se exigiría por lo menos el encausamiento de todos los gerentes y una investigación rigurosa para determinar lo que yo sabía.
Pero si cambiamos el nombre de Fulano S.A. por Iglesia Católica Romana y Apostólica, las cosas cambian. Las excusas no (gracias en parte a esa maquinita de exabruptos llamada Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife).
Se pueden tener prejuicios en contra de la Iglesia, y yo no estoy libre de ellos. Pero ello no quita que su forma de defenderse en los medios ha sido un desastre. Es como si nadie en el Vaticano tuviera idea de relaciones públicas.
Y si alguien dice «es que los obispos y jerarcas que comentan estas cosas son voces individuales dentro de la iglesia», les contestaría con esto:
Si alguna de estas personas que ha dicho idioteces (como el susodicho Álvarez, que ha alcanzado a decir que algunos treceañeros abusados provocan a los curas), hubieran dicho que quizá las mujeres deben alcanzar el sacerdocio, que el celibato es ridículo o que no siempre son pecado los anticonceptivos, esas mismas voces independientes hubieran sido cesadas.
Esto, fundamentalmente, es un problema de búnker en una sociedad plural. O se cambia de estrategia y tácticas, aceptando las responsabilidades que se exigirían a cualquier otro ente, o aceptas el alto precio y desprestigio.
Por varios motivos, los clientes deciden no presentar una denuncia, aunque siendo fieles clientes de Fulano S.A. sí protestan ante el gerente de turno.
Al enterarme, o al darse cuenta otro gerente, los empleados son enviados a otros departamentos donde, esperemos, no volverán a repetir su conducta. Pero algunos reinciden y hay que enviarlos a otros locales, o peor aún, tras un larguísimo trámite que puede durar décadas, despedirlos.
Cuando por fin el revuelo es tan grande que las autoridades intervienen, así me defiendo:
1. «La culpa es de los asaltantes, es que hoy en día la delincuencia está en boga, oiga».
2. «Vale, quizá haya que hacer algo, pero en otras empresas pasa lo mismo ¡y a veces peor! ¿Por qué nadie habla de ellas?»
3. «La culpa es de los clientes, si es que algunos casi piden que les asalten. ¡Nos provocan!»
4. «Es que le tienes manía a Fulano S.A. Hay muchos policías y grupos extremos que nos tienen ganas de hacer daño».
5. «El 90 por ciento de los ladrones de todo el mundo son hombres. ¿Qué vas a hacer, detener a todos los hombres?»
6. «A mí nunca me dijeron nada mis gerentes, por lo cual no puedo ser ni siquiera responsable moral por estos delitos, aunque hayan ocurrido en mis instalaciones y se hayan perpetrado por mis empleados. No importa que Fulano S.A. sea perfectamente jerárquica y que no se mueva un dedo sin yo enterarme».
7. «Somos una multinacional y yo soy residente de otro país».
8. «Fulano S.A. hace mucho bien. De hecho, combate todo tipo de mal social».
Creo que, además de reírnos y rascarnos la cabeza ante estas defensas, diríamos inmediatamente dos cosas: esto no se dirige al hecho que se hayan encubierto a delincuentes y por lo tanto cómplices en cierta forma. Jurídicamente, apenas el sexto punto se dirige a una defensa coherente y pertinente.
Obviamente ante estos hechos, se exigiría por lo menos el encausamiento de todos los gerentes y una investigación rigurosa para determinar lo que yo sabía.
Pero si cambiamos el nombre de Fulano S.A. por Iglesia Católica Romana y Apostólica, las cosas cambian. Las excusas no (gracias en parte a esa maquinita de exabruptos llamada Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife).
Se pueden tener prejuicios en contra de la Iglesia, y yo no estoy libre de ellos. Pero ello no quita que su forma de defenderse en los medios ha sido un desastre. Es como si nadie en el Vaticano tuviera idea de relaciones públicas.
Y si alguien dice «es que los obispos y jerarcas que comentan estas cosas son voces individuales dentro de la iglesia», les contestaría con esto:
Si alguna de estas personas que ha dicho idioteces (como el susodicho Álvarez, que ha alcanzado a decir que algunos treceañeros abusados provocan a los curas), hubieran dicho que quizá las mujeres deben alcanzar el sacerdocio, que el celibato es ridículo o que no siempre son pecado los anticonceptivos, esas mismas voces independientes hubieran sido cesadas.
Esto, fundamentalmente, es un problema de búnker en una sociedad plural. O se cambia de estrategia y tácticas, aceptando las responsabilidades que se exigirían a cualquier otro ente, o aceptas el alto precio y desprestigio.

Comentarios ( 2)
pues bien dicho, e4sto es una multinacional y yo soy de otro pais!
Por Gabriel | 8 de Abril 2010 a las 02:52 PM
En primer lugar,creo que la iglesia no puede identificarse, ni a modo de ejemplo con una sociedad mercantil; en segundo lugar, la responsabilidad civil no puede equipararse a la penal, aunque ambas coexistan, es decir, si un empleado de una empresa es un violador o un asesino, la empresa no puede ser considerada como una sociedad dedicada la crimen o a la violación, otra cosa es amparar a los delincuentes, pero despues de las claras declaraciones del Papa, está claro el repudio de esos criminales de sotana, y si a demás responde civilmente la iglesia por sus desmanes, mejor que mejor.
Por javier | 9 de Abril 2010 a las 10:32 AM