Los obispos y yo tenemos un acuerdo tácito, yo no me meto con ellos, incluyendo su política de encubrir el delito, y ellos en el plano civil no se inmiscuyen mucho en mi vida.
Pero en Washington se asoma una ley que puede beneficiar bastante mi vida de pareja: en el proyecto de reforma inmigratoria, encajado entre los varapalos que quieren dar a los indocumentados, existe la posibilidad de poder conceder un estatus inmigratorio a las parejas del mismo sexo.
Por ahora, las leyes inmigratorias de EE.UU. no abordan el tema de parejas del mismo sexo. De hecho, muchas han tenido que hacer malabarismos internacionales para poder vivir con su ser querido.
Veremos que sale de todo esto, pero a los obispos no les gusta. «Nos oponemos vehementemente a extender beneficios inmigratorios parecidos a los del matrimonios a relaciones del mismo sexo» *.
La ley no menciona la palabra matrimonio, sencillamente pondría las leyes del país a la altura de otras naciones occidentales. Pero nanay, pecado.
Siempre digo que estamos marginados por la ley porque es fácil hacerlo. Por mucho que se opongan, los obispos con sus suntuosas vestimentas saben que no pueden cambiar las leyes civiles del divorcio, por ejemplo. Exigiría una batalla enconada que mermaría todo tipo de recursos y minaría su relación con una grey que ya de por sí es muy desobediente.
Pero como no hay nada más fácil que arremeter contra una minoría pequeña, pues hala, a por ellos. Así se las ponían a Fernando VII. Que Dios les perdone, hoy por hoy no puedo.
* Curiosamente, la versión en español del parte de prensa de los obispos es un poco más rígido, pero quizá se deba a que no parece ser una buena traducción: «incluyendo la controversial disposición que permitiría a parejas del mismo sexo recibir beneficios de inmigración iguales a los de las parejas casadas».
Pero en Washington se asoma una ley que puede beneficiar bastante mi vida de pareja: en el proyecto de reforma inmigratoria, encajado entre los varapalos que quieren dar a los indocumentados, existe la posibilidad de poder conceder un estatus inmigratorio a las parejas del mismo sexo.
Por ahora, las leyes inmigratorias de EE.UU. no abordan el tema de parejas del mismo sexo. De hecho, muchas han tenido que hacer malabarismos internacionales para poder vivir con su ser querido.
Veremos que sale de todo esto, pero a los obispos no les gusta. «Nos oponemos vehementemente a extender beneficios inmigratorios parecidos a los del matrimonios a relaciones del mismo sexo» *.
La ley no menciona la palabra matrimonio, sencillamente pondría las leyes del país a la altura de otras naciones occidentales. Pero nanay, pecado.
Siempre digo que estamos marginados por la ley porque es fácil hacerlo. Por mucho que se opongan, los obispos con sus suntuosas vestimentas saben que no pueden cambiar las leyes civiles del divorcio, por ejemplo. Exigiría una batalla enconada que mermaría todo tipo de recursos y minaría su relación con una grey que ya de por sí es muy desobediente.
Pero como no hay nada más fácil que arremeter contra una minoría pequeña, pues hala, a por ellos. Así se las ponían a Fernando VII. Que Dios les perdone, hoy por hoy no puedo.
* Curiosamente, la versión en español del parte de prensa de los obispos es un poco más rígido, pero quizá se deba a que no parece ser una buena traducción: «incluyendo la controversial disposición que permitiría a parejas del mismo sexo recibir beneficios de inmigración iguales a los de las parejas casadas».

Comentarios ( 1)
Al final todo eso resulta muy triste y genera mucho odio, mucha desazón, pero todo empezó con el IN GOOD WE TRUST, o algo parecido. Si se mezcla la religión con la política, y más aún con la política social, el resultado es malo, malo. Los estados modernos deben ser aconfesionales, y no solo cuando les convenga.
Por javier | 17 de Mayo 2010 a las 05:04 AM