Ed Stafford me da envidia de la sana. Acaba de terminar de andar todo el Amazonas, cubriendo todos los tramos a pie. Se puede asumir que es el primer ser humano que ha logrado tal proeza, acompañado en buena parte por su fiel guía, Gadiel «Cho» Sánchez.
Stafford llegó a Perú en junio de 2007, y esperaba que su proeza, una vez alcanzada la fuente del afluente más distante de la desembocadura durara unos seis meses. El 26 de abril de 2008 trepó la cima del Nevado de Mismi, y hoy, 860 días más tarde, alcanzó la desembocadura.
Francisco de Orellana apenas recorrió la parte navegable, y eso desde el río Negros.
Stafford se ha enfrentado a narcotraficantes, autoridades venales y tribus desconfiadas. Se peleó con su compañero original de viaje, Luke Collyer, a los tres meses de empezar y se enfrentó a una jungla que aparte de inhóspita (muchos pobladores se negaron a ser sus guías porque temían ser comidos por jaguares) es casi infértil en su suelo. Pero al final, con un generoso respaldo financiero, ha logrado su acometido. ¡Chapeau, chap!
Durante varios días después del tortazo que me di hace tres semanas he sanado de maravilla salvo por mi dedo corazón izquierdo. El otro día hablando con mi médico de cabecera me dijo que era posible que estuviera fracturado aun pudiéndolo accionar.
Hoy un ortopeda y una radiografía lo han confirmado. Ahora me toca hacer rehabilitación durante tres semanas. Nada del otro mundo, pero es la primera fractura de mi vida.
Playas, lo que se dice playas, el municipio de Nueva York. Aunque he estado en prácticamente todas, el sábado me tocó como bañista en Rockaway, la península que sale del sureste de Queens.
Elegimos un día perfecto (29 grados con una brisa fresca) y debido al calor de las últimas seis semanas, la playa estaba semivacía.
Confieso que no soy muy amigo de las playas. Me gustan mucho las pintorescas dominicanas y las de la costa del Pacífico, pero cuando entro en materia práctica (empezando por la arena), no me gusta tanto estar en la playa.
Y a esto le debo añadir que tengo una piel muy sensible. Aunque me he acordado de echar bronceador en un 75 por ciento de mi cuerpo (mucho bronceador para bastante cuerpo), el cuarto restante está ahora como un tomate.
Julio se lo tenía muy bien guardado, pero aquí lo tenemos: su mejor día ha sido el último. Hoy hemos amanecido a 19 grados, algo casi ártico para el calor que hemos pasado. El mercurio subirá a 29 grados, y nos vamos a la playa de Breezy Point, que como su nombre indica tiene una brisa muy rica.
Un corresponsal (y de esos tengo muchos) me pregunta desde un país latinoamericano:
Tengo 15 años, y quiero decirle a mi familia que soy gay. ¿Qué hago?
Mi consejo ha sido sucinto: Mientras no puedas contestar la pregunta «¿Y cómo estás tan seguro de que lo eres?», es mejor quedarse callado.
Añadí que debido a la situación, en la cual se arriesgaba (levemente) ser expulsado de casa, era mejor tantear el terreno con una mención de la decisión en Argentina para ver dónde van los tiros.
Y sé que es una situación de doble rasero. Si el chico le pidiera consejos para seducir a la vecina, el padre no le preguntaría si está seguro, sino que por general le apoyaría.
Si una quinceañera le pidiera consejo a su madre sobre un compañero de clase, no le contestaría con un «¿Pero cómo puedes estar segura a tu edad?», fulminante y predecible en una declaración de amor sáfico, sino que le daría consejos para mantener al interesado en raya pero a la vez camelarle.
Se puede decir que esto es normal ya que somos una minoría sexual y que bueno, obviamente nuestros padres no lo son. Pero aún así jode un poco.
Hace dos semanas escribí penosamente sobre la ola de calor que azota la zona. Pero aunque no hemos vuelto a valores salvajes como los 39 grados del pasado 6 de julio, todos los días rozamos los 35.
Pero una señal de que esto de común no tiene nada ha sido las temperaturas mínimas. Desde el 3 de julio el mercurio no ha bajado de los 22 grados. O sea, noches opresivas.Por cierto, 19 días consecutivos a más de 22 grados (70 Fahrenheit) es un récord.